lunes 5 de septiembre de 2011

Paraiso

A veces despunto el vicio y vuelvo acá. A veces Mondrian me pregunta si sigo escribiendo en este lugar; a veces lo hago, pero mentalmente.

Estoy a pocos días de cumplir 27 años. Mi niñito ya tiene uno y casi un mes. El tiempo pasa tan rápido que parece un cliché decirlo. Me perturba. El bebé que antes ocupaba un huequito de mi pecho, ahora se extiende a través de mi torso y le cuelgan largos los brazos. Me llena de besos y de sonrisas, quiero tanto que crezca como que se quede chiquitito y mío, aunque amo su independencia, sus golpes y logros.

Yo creía que pertenecía a un lugar, pero no. En serio, no. Ya no tengo nada que ver con todo eso. Lo más increible es la felicidad que eso me proporciona. La cantidad de gente increible que conozco día a día, personas respetuosas y amantes de la vida.

Mi hijo me reclama. Teta y siesta. Eso es lo más parecido al paraíso supongo.

lunes 25 de abril de 2011

dientes

A mi hijo le salió su segundo diente, por lo cual estuvo toda la noche prendido a la teta en medio de llantos. Mi pobre cachorro hermoso ahora mordisquea un libro con voracidad, y se queja porque se va dando cuenta que crecer duele.

martes 5 de abril de 2011

Volvió

Apareció, así de la nada, después de un año y cinco meses. Mi periodo. Sí. Volvió. La lactancia lo mantuvo a raya y alejado, pero finalmente está aquí.
Tendría que haberme dado cuenta antes que estaba por llegar, me puse media histérica y el día anterior dormí tres horas seguidas abrazada a mi hijo.
Y hoy me entrego a las delicias de la menstruación; como enojarme si remordimiento porque tengo que salir antes de casa para que mi suegro vea al bebé, o comer milanesas de soja, hinojo y media palta como si fuera un festín orgiástico. Claro, festín porque incluyó tres panes.
No quiero salir antes. No. Quiero quedarme en calzas y sin remera en mi casa, tapada hasta la cabeza.

viernes 18 de marzo de 2011

Amor

Siempre creí que los amores tenían que ser trágicos y frustrados, desmedidos, enfermos. Pelotudeces de telenovela. Cosas que creía para justificar mis relaciones de mierda y creer que eso era el verdadero romance. No es así. Sépanlo.

Tengo al lado un hombre divino que me protege de las abejas que entran en el departamento (aunque estemos en el medio de un polvo y tenga que parar para agarrar el raid), que dobla la ropa y acomoda el armario, que juega con nuestro hijo y que después de todos estos meses me sigue diciendo lo rica que está mi comida cada vez que comemos juntos. Eso es amor.

Siento el calorcito de la cabeza de mi bebé en la pierna, mientras se agarra los piecitos con una mano y su camello de peluche con la otra. Siento que me va a explotar el corazón. Siempre tiene sonrisas que corresponden a mis besos. Eso también es amor.

Mi gata se va a dormir feliz sobre un pilón de mis remeras. No lo duden, eso, una vez más, es amor.

jueves 17 de marzo de 2011

de vuelta

Nos fuimos de vacaciones y volvimos el lunes. Fueron nuestras primeras vacaciones con el bebé y mi tía nos prestó un departamento a seis cuadras de la playa. Sépanlo: llevar a un niño de siete meses a la playa no es tarea fácil. Llevábamos dos bolsos llenos de cosas "por las dudas" y una media carpa para que nos escondiéramos del sol (el bebé y yo, Mondrian fue con plan de rostizarse como pollo).
Me metí al mar una vez, pero todos los días mojé los piecitos. Por supuesto que el gran tema de las vacaciones fue mis dubitaciones para quedarme en bikini. Sí, así de estúpido como parece, y rodeada de mujeres con generosas carnes corriendo felices sobre la arena, yo me sentía totalmente cohibida.
En fin, la pasamos bien.





Ayer fui a una inauguración en una galería. Lo preparé a mi chancho, me preparé yo y nos fuimos, total quedaba a unas pocas cuadras de casa.
Ya en el lugar me di cuenta que no era tan divertido como solía ser.
El mismo tipo de gente de siempre, buscando desesperadamente que le den una copa, la misma actitud, todo idéntico menos yo. Quizás ahora no me resulta tan gracioso, tan ameno, tan entretenido.
No es que me guste menos el arte, ni mirar como las personas se relacionan, debe ser que no paro de pensar que ya no encajo en ningún lugar.

domingo 13 de febrero de 2011

maravillas de la convivencia

Mondrian hace dos semanas que está en cama. Ahora está al lado mío mirando Impacto 9 (ya que no tenemos cable y las opciones son reducidas), con su hígado inflamado pero ya sin fiebre. Nunca pasamos tanto tiempo juntos en nuestra corta vida de pareja, y él nunca estuvo tanto tiempo con nuestro hijo desde algunos días después de convertirse en padre.

Igual no todo es color de rosas. No me deja escribir porque a cada rato se da vuelta para decirme que el bebé no está durmiendo, que cómo es que hace para darse vuelta y abrir los ojos si está dormido. Me pellizca una pierna y mira la pantalla con cara de "traidora, escribís de mí a mis espaldas", y me dice:

-Para eso te sirve tu blog, para burlarte de mí y de todos... Me está mirando, jodete, ¿por qué se despierta?. Uh, no tengo que decirte nada, me estás pegando una culeada, una relajada cordobeza...

Ufff, de nuevo a ser madre.

viernes 14 de enero de 2011

El dia en el que mi marido se volvió sepulturero

Hoy a la mañana salí al patio a lavar el acolchado. Procedí a sacar el pedazo de plástico que cubre mi hermoso Drean de las inclemencias del clima y de la vieja conchuda que riega las plantas en el tercer piso, y con horror, al mirar para abajo veo un pájaro muerto. El pequeño animal, en avanzado estado de putrefacción, estaba siendo velado por un centenar de hormigas que marchaban a su alrededor. Horrible. Salió Mondrian con bolsa y escoba en mano, a limpiar el lugar, mientras veía un terrible mal humor trasluciéndosele en la cara.

Cuando mi Mejor Amigo vivía en Argentina y solíamos juntarnos en la plaza como dos adolescentes despreocupados siempre repetíamos lo mismo "nunca volvería a vivir con nadie en pareja". La convivencia es complicada. Las peleas van desde algo muy simple y tonto hasta algo muy bizarro (el cadaver de un ave). No, yo no puedo limpiar el patio cuando dejo a mi hijo dos segundos, porque en la lista de prioridades prefiero ocuparme del baño, de la cocina, de hacer la comida o de que tengamos ropa limpia. Y eso es así. Nunca pensé que tener un bebé iba a requerir una atención constante. Y como yo no lo entiendo a mi marido, mi marido no me entiende a mí.

El caso es que volví a vivir en pareja con alguien, y aunque sea trabajoso, la mayoría del tiempo es increible, porque cuando vienen los pajaritos a morir bajo mi lavarropas tengo alguien que me deja las baldosas relucientes.